Experiencias culturales, Lugares e inspiraciones

Navegando en el Santa Eulàlia

A bordo del pailebote Santa Eulàlia

El pasado sábado 27 de septiembre, hicimos realidad el paseo en el pailebote Santa Eulàlia, parte del premio otorgado por el Museu Marítim de Barcelona en concepto del concurso de Microrrelatos sobre los vikingos y el mar.

A las 10 de la mañana nos embarcamos. En el barco nos encontramos a Núria Fuertes, ganadora también de las tres horas de navegación por su microrrelato “El misteri de Lindisfarne”.

El día amaneció despejado y el sol se dispuso a no dar tregua, como apurando los últimos rayos de verano, los mismos que nos había negado en junio. Lo agradecimos. Yo al menos, que soy grumete novata, no hubiera llevado con entereza los vaivenes de un mar agitado. El personal del pailebote nos enseñó a izar las velas, a manejar el timón, y nos sumergió en las oscuras bodegas, donde en el siglo pasado se transportaban naranjas de Valencia y otras mercancías. Junto a la zona de almacenaje, encontramos las literas en las que dormía la tripulación, remojada cuando el oleaje se hacía notar aun en las entrañas de la nave. Y como no podía ser de otra manera, se nos mostró el camarote del capitán y del oficial, en el lugar con menos movimiento del barco, y en el que se llevan a cabo las comunicaciones y la consulta de las cartas de navegación, todavía obligatorias y reminiscencia romántica que no ha eliminado el GPS.

La ruta siguió el contorno de la costa de Barcelona ciudad, con los perfiles de sus edificios costeros emblemáticos y sus montañas al fondo. Podía imaginarme a bordo del ballenero Pequod en busca de Moby Dick, pirateando junto a Francis Drake o cartografiando el Pacífico con el capitán Cook. Y hablando de grandes navegantes, qué mejor que recordar la expedición en homenaje a Alessandro Malaspina que el CSIC realizó en el 2010. Esta aventura moderna reprodujo el viaje científico del brigadier de la Real Armada alrededor del planeta, en la que participó mi prima María del Carmen Mompeán como bióloga marina, y de la que os dejo el enlace al vídeo de presentación:

Expedición Malaspina 1789-2010

Libros de temática marítima

El mar y su inconmensurable misterio ha sido desde antaño símbolo de aventura, de búsqueda, descubrimiento y supervivencia. Donde surgió la vida, y a la vez metáfora de muerte, de paz espiritual y fuente de horrores míticos. El todo y la nada. Uno de mis sueños es embarcarme sin rumbo fijo hacia el horizonte, para quizás cruzarme con el capitán Ahab en las costas de la isla Tortuga, o con algún barco vikingo atrapado en el tiempo, o quizás maldito como el Holandés Errante. Todo es posible en el mar, como demuestran las novelas que he seleccionado:

Seguro que conocéis los títulos listados y las películas inspiradas en estos y que se han convertido en clásicos del cine. Las novelas de O’Brian reproducen de manera fiel la vida en la armada británica de época napoleónica y sin duda os transportarán a la dura y fascinante vida a bordo de un velero de guerra. Tampoco podía dejar de mencionar las aventuras de Odiseo, más conocido como Ulises, que con mucha fantasía nos acercan a lo que significaba para los primeros navegantes de la historia adentrarse en el mar desconocido. Acerca de los viajeros de la Antigua Grecia, os recomiendo el libro El descubrimiento del mundo, de F. Javier Gomez Espelosín. Y para acabar, a raíz de esto último comentado, y a la espera de un editor aventurero, os remito al extracto de mi novela El viaje del Delfín Rojo, que forma parte del apartado de “Novelas” del blog y que podréis votar a partir del 21 de octubre en el I Concurso de Novela del Club de Escritura Fuentetaja, Casa del Libro y Tagus.

Como apunte final, para todos los que escribís sobre el mar y sus gentes, he de mencionar el Premio Literario Nostromo, que lleva convocándose desde el año 1996 y que este 2014 ha celebrado su XVIII edición con el tema “Rosalía de Castro”. El 16 de octubre se entregarán los premios a los ganadores anuales en el Museu Marítim de Barcelona, como no.

Y ante todo mil gracias a Lourdes García por su gestión de las reservas, a Miquel López, del Área de Educación del Museu Marítim de Barcelona y a todo el personal que ha hecho posible esta inolvidable experiencia a bordo del pailebote Santa Eulàlia.

 

 

Grumete al timón

Grumete al timón

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