Microrrelatos, Premios

Premio de Escritura Creativa del Taller de Escritores

I Concurso de Escritura Creativa

Taller de Escritores convocó su I Concurso de Escritura Creativa, en el que se premiaba el texto más original y creativo, que podía ser un poema-nube, un epitafio, instrucciones para subir escaleras, palíndromos, frases para galletas de la suerte… un sinfín de posibilidades. Yo me decanté por una receta mágica, un conjuro en prosa poética con la historia de una bruja danzarina y simpática que se venga de forma poco común del Inquisidor que condenó a sus hermanas.

El 15 de diciembre de 2014, se publicó el fallo del jurado, que eligió mi propuesta de entre 354 trabajos presentados. Con este texto he ganado el Primer Premio de este concurso, del que espero se abran nuevas convocatorias en el futuro. También os recomiendo la lectura de los estupendos trabajos de los dos finalistasun microrrelato desde el Más Allá y una biografía telegrámica.

Mi texto es el resultado de un soplo de inspiración cercano a la celebración de Todos los Santos. La magia y lo sobrenatural suelen aparecer en mis relatos, pues tengo tendencia a lo misterioso. He disfrutado mucho participando en el concurso e ideando la receta que hace burbujear el caldero ¡Os dejo el sortilegio para que lo disfrutéis! 

Y el enlace a mis palabras tras el premio: Blog del Taller de Escritores.

 

MAGIA POTAGIA

“Sapos y culebras, raíz de mandrágora, colas de escorpión, el ojo sano de un pirata con pata de palo, sangre de doncella muerta bajo la luna llena, un poquito de estragón, y a fuego lento, sin temblor, remover con cucharón, de madera bien tallado, no latón, un pedacito de soga de un ladrón colgado por los pies, burbujea, burbujea, verde esmeralda, carbón encendido, brasa avivada y un sorbito de licor, para pasar el ratito entre tanto maleficio. Y la receta de la abuela, que era la mejor: polvo de momia, la araña que tejía en el hueco de un cañón, sapos y culebras para el Inquisidor. Y le veo, en cada burbuja del conjuro por venganza, bebiendo vino de misa bajo su escudo y blasón; le veo sorprendido por el extraño sabor, punzada aguda, la mano al corazón, núblase su vista, mas no va a morir, no. Pues no hay veneno en un hechizo a distancia. Capricho libertino, madreselva y pimentón, nada fácil de encontrar: un consejero leal, la liga de una cortesana casta, la firma de un escribiente manco, y los dientes de un castor. Ahí te quiero ver, viejo acusador, desapareciendo lentamente, en mitad de tu salón, donde condenaste a mis hermanas, sin conciencia ni pudor. Ya me darás tu opinión, de aparecer en otro tiempo, atravesando siglos, cruzando espacios, en la noche de Todos los Santos. En la que reinan las brujas y las calabazas encendidas, y ya no hay miedo, no. Espabila, Inquisidor, se acabó tu poder de absolución, tus sambenitos, tu terror, y un poquito de licor, para brindar entre danzas, por el conjuro de venganza”.

 

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